Ritos y leyendas de la Quebrada de Humahuaca

Hoy vamos a hablar algo de las creencias, leyendas y ritos quebradeños, que son parte indisoluble de este singular paisaje del noroeste argentino.
El Carnaval humahuaqueño se celebra desde tiempos prehispánicos. Antes de la conquista, los indios le agradecían a sus dioses las buenas cosechas cuando terminaba el verano. Los festejos del Carnaval comienzan con el desentierro del "Pujllay", diablo carnavalero representado por un muñeco que yace bajo tierra desde el año anterior. Por las calles desfilan comparsas y músicos con instrumentos típicos, quienes esperan que los vecinos les sirvan un vaso de chicha.
Y aquí merece la pena detenerse en el sonido
especial del Carnaval, sonido típico fruto de los instrumentos
que le dan vida. Por ejemplo la "anata" construida con
un grueso cilindro de madera blanda, perforado con un agujero de
punta a punta. Una de las partes se rebaja, para hacer las seis
aberturas superiores que serán obturadas por los dedos. Mide
entre
20 y 50 cm y
produce sonidos agudos y graves.
Del "erkencho" nace una nota aguda, larga y trémula que va descendiendo hasta desvanecerse en un murmullo. Posee dos piezas: una lengüeta en su marco y un cuerno de vacuno o cabrío.
Semejante
a la flauta de Pan, el "siku" se compone de varios
tubos de caña cortados en distintas longitudes y unidos de mayor
a menor. Luego sigue otra hilera, con tubos que sólo miden la
mitad de los principales.
El "erke" es un tubo que llega a medir siete metros, compuesto por dos o más trozos de caña y una pieza de lata con forma de embudo en un extremo. La banda se completa con instrumentos más conocidos, como la quena y el charango.
La celebración del Carnaval dura 8 días;
hombres y mujeres se disfrazan, y así gauchos, indios, gitanas,
cocineros y diablos confraternizan, hasta que el "Dom
ingo de Tentación",
acaba con la fiesta en un último rito.
La figura del diablo, que representa al Carnaval, se entierra en un cerro de las cercanías junto a ofrendas a la Pachamama o Tierra Madre.
Una de las creencias peculiares de la región,
donde se manifiestan ciertos matices de paganismo, es la
veneración de "Coquena", dios protector de los
animales salvajes.
Junto a estos rasgos de paganismo, surgen antiguas expresiones de la religiosidad popular reflejadas, por ejemplo, en la celebración del "Misachico". Se trata de una reducida procesión que va anunciándose al son de bombos, sikus, erkes y bombas de estruendo. Este rito es organizado en un marco familiar o, lo que es más común, vecinal, para honrar a un santo en su día.
La caravana parte desde el domicilio del portador de la imagen, y llega hasta una iglesia para el oficio de la misa, y posteriormente retornar al punto de partida. Durante ese lapso todo es Festejo, la chicha y el baile son protagonistas. Aparecen los "samilantes", hombres vestidos con plumas de suri (ñandú: avestruz americano) de la cabeza a los pies, que se mueven al son de la música.
Cuando el Misachico se aproxima a alguna
vivienda, sus ocupantes salen a recibir la imagen. Hay tiros de
escopeta
y estruendos de
vaquillas (fémures de vacunos rellenos con pólvora).
Las rezadoras no detienen nunca sus oraciones: "Santo hechizo palos buenos! medecina pa los malos! ¡Santo Señor, atendénos!! Bajos los ojos, juntas las manos! te pedimos qué queremos."
Las celebraciones y ritos se suceden en una
mezcla extraña de religiosidad y paganismo, uniendo la
peregrinación de la morena Virgen de Coacabana desde Punta
Corral hasta Tumbaya que se celebra en Semana Santa y congrega a
cientos de promesantes, a la festividad de Inti Raymi,
celebración
del solsticio de
invierno que data del tiempo de los incas, y entre cantos y
danzas permite confraternizar en espera del nuevo amanecer.
La Navidad jujeña de todos los pequeños pueblos de la quebrada, que se prolonga desde el 24 de diciembre al 6 de enero, coincide con la Diablada del 31 de diciembre en Humahuaca.
Diablos y santos, peregrinaciones y cultos paganos, ferias de Pascua y festejos folklóricos, esta es sólo una pequeña muestra de la diversidad de costumbres que confluyen en un extenso país como Argentina.
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