Hubo
una época en nuestro país en que los inmigrantes se instalaban
por barrios y procuraban, además de mantener las comidas y las
costumbres de su patria, instalar el alumbrado y las cloacas en
el barrio, crear escuelas, bibliotecas y centros de reunión
social donde bailar, cantar y aprender.
Los años de dictadura y de crisis económica fueron minando la
actividad cultural de esos centros.
Y hoy en día, con el peligro de que el martillo de la
globalización nos amase a todos en la misma chatura, resurgen
los barrios de Buenos Aires, con toda la fuerza de resistencia
ante el impulso uniformador.
El barrio recupera su lugar central en la vida cultural de los
porteños, se crean talleres y grupos de teatro, se arman centros
culturales y los vecinos se apropian del espacio público. 
Para responder a una demanda cada vez más creciente, el gobierno
de la ciudad en su intento de descentralización, única manera
de conservar la identidad de una megaciudad como Buenos Aires,
preservando las pequeñas células que la componen, que son los
barrios, organiza eventos gratuitos con un éxito rotundo de
participación.
En este verano del 2007 los diferentes barrios de la ciudad de
Buenos Aires acogen espectáculos culturales para diferentes
públicos y edades con variedad de géneros y disciplinas, 790
músicos, escritores, actores y profesionales de la cultura
fueron convocados para llevar adelante las actividades que forman
parte de la programación.
Esta propuesta abarca desde los conciertos masivos en el
escenario central de Palermo y frente al Planetario, hasta
conciertos de jazz o música clásica con un escenario móvil en
Villa del Parque, Devoto, Belgrano y Villa Urquiza, encuentros
literarios en el Jardín Botánico, conciertos de rock en Parque
Sarmiento y de folklore en Mataderos, cine al aire libre en
Costanera Sur, teatro en Parque Avellaneda, teatro, ópera y
espectáculos infantiles con la carpa itinerante o clases de
baile y milongas
al aire
libre en parques y plazas de diferentes barrios.
En carnaval más de 100 murgas y agrupaciones artísticas
irrumpen con su algarabía en 34 corsos de diferentes barrios de
la ciudad y una iniciativa abre las puertas de edificios
emblemáticos, como el Unione e Benevolenza o el bar El Progreso,
para que los vecinos conozcan los tesoros patrimoniales de su
entorno.
Pero en muchos
casos, los vecinos no esperan la iniciativa del gobierno para
actuar.
La Junta de Estudios Históricos de Boedo funciona desde 1986
pero en los últimos años editó varios libros que reflejan la
historia barrial y logró que se declarara Area de Protección
Histórica al café Homero Manzi, el más tradicional del barrio,
que está en San Juan y Boedo.
Anibal Lomba, presidente y socio fundador de la Junta tiene una
visión poética del fenómeno y asegura: La gente debe percibir
en el aire que Boedo está ligado profundamente al tango, las
artes plásticas y la literatura, por eso hay un reverdecer de la
cultura barrial, surgió un taller de arte, un teatro (El
Quijote), el centro cultural Sebastián Piana y cada café del
barrio es una sala de exposiciones o de espectáculos musicales.
En La Boca lo que empezó como un taller barrial es hoy una
escuela de teatro, circo y murga que presenta un espectáculo a
ritmo de candombe contando cien años de historia argentina.
Espectadores de todas las latitudes llegan al galpón de
Catalinas y disfrutan de un final en el que una murga vecinal los
convoca a sumarse a la fiesta: "Ay, vecino, ay vecino/venga
a hacer teatro en la plaza/no vaya a quedarse solo/viendo la tele
en su casa".
En Barracas, en el Pasaje
Lanín, el artista Marino Santa María decidió pintar el frente
de su casa de azul, amarillo, verde y blanco.
A sus vecinos les gustó y entre todos iniciaron la remodelación
de un pasaje que hoy es escenario de películas, documentales y
comerciales y reclamo para muchos artistas que intentan
instalarse en sus viejas casonas.
En cuanto a la incursión en las nuevas tecnologías, Internet no
solo no atentó contra la conciencia barrial sino que se
convirtió en un vehículo de expresión. Pompeya, Boedo,
Belgrano, Villa Urquiza, Villa del Parque tienen ya sus propias
páginas web, en las que hay fotos, historias y personajes del
barrio, páginas a las que acceden viejos vecinos que, a veces
desde lejanos lugares, pueden renovar sus vínculos y volver a
ver fotos de los lugares donde jugaban en la niñez.
Pero hay dos propuestas que me llaman especialmente la atención.
En este mundo insolidario que estamos creando, donde cada vez se
propicia más el individualismo feroz, se impone la necesidad de
fomentar la solidaridad y el voluntariado.
Por iniciativa de la Fundación Vignes se dicta en tres plazas de
los barrios de Flores, Parque Patricios y Palermo, un curso de
voluntariado para quienes quieran colaborar en comedores
comunitarios, cárceles, hospitales o escuelas.
El objetivo del
curso Cómo hacerse Voluntario desde la Plaza de tu Barrio es
capacitar a los vecinos que desean participar en proyectos
sociales o tareas comunitarias, tanto si ya pertenecen a alguna
ONG, como si son novatos en este mundo.
Y el otro emprendimiento lo conocí a fines del año 2005, por
una amable invitación que nos hicieron llegar los Cicerones de
Buenos Aires, como parte de la Campaña Buenos Aires cordial.
Esta es una ONG cuyo objetivo es el de posibilitar el mejor
conocimiento de la ciudad a los visitantes que a ella llegan,
sean extranjeros u otros argentinos.
Los voluntarios que pertenecen a la organización, gente con amor
y orgullo por su ciudad, ofrecen visitas gratuitas de barrios no
tan conocidos turísticamente hablando y a rincones o sitios de
especial interés, pero ofrecen sobre todo el conocer cómo son y
cómo viven los porteños.
Desde luego, un emprendimiento que merece la pena ser apoyado y
que retrata el renacer del barrio, ese barrio que es mucho más
que un conjunto de calles y casas, el barrio donde crecemos,
hacemos los primeros amigos y hasta encontramos el primer amor,
el barrio extensión de nuestra casa, el barrio del café, el
mercado, la plaza y el negocio de la esquina, el que por su
peculiaridad cultural se distingue de todos los demás, el que
siempre recibe nuestros recuerdos más queridos, estemos cerca o
no tanto.
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