
Nació el 10 de marzo de 1820 en Saint Just
Ibarre, un pueblecito del País Vasco-francés entre Saint Jean
Pied de Port y Mauleon.
Fueron sus padres don Pedro Luro y doña Juana Officialdegui,
ambos vasco-franceses.
Hacia 1820, cuando nació Pedro vivían en la Maison Egnautenie
como arrendatarios.
Pedro fue el mayor de los hijos, y a él siguieron: Juan,
Mariana, Guillermo y Graciana (estos dos últimos mellizos).
Pedro partió para América en 1837, aunque no hay datos de su
entrada al país en los Registros de Inmigración.
Llegó a Buenos Aires siendo un adolescente pero animado del
firme propósito de abrirse camino y acaso, de constituir un
hogar que le permitiera proyectar hacia el futuro las virtudes y
la energía del solar originario.
Fue conocido en el sur de la provincia de Buenos Aires como
"el vasco hogoyeta-ameka", y según cuenta Alió en su
"Historia de Mar del Plata", el apodo le vino de su
habilidad en el juego de naipes llamado "las treinta y
una", de ahí su "hogeita amaika" (el número 31
en euskera) un poco transformado.
Entró como peón en un saladero. Juntó moneda por moneda,
sueño sobre sueño.
Despertó cuando le robaron lo que había apartado a fuerza de
sacrificios.
No se amilanó por eso. Ahorró otra vez.
Con esos ahorros compró un vehículo del que hizo un ómnibus y
que condujo él mismo para transportar pasajeros desde la Plaza
Montserrat (suburbio de Buenos Aires, sede de negros y
mazorqueros) hasta Barracas (donde se amontonaban la lana, las
carretas y los saladeros).
Se casó con Jeanne Pradère, nacida en Francia e hija de Jean
Pradère y Marie Etcheto.
De este matrimonio nacieron 14 hijos: María, Santiago , José,
Juan que falleció a los 6 años, Casiana, Ana que falleció a
los 9 años, Juan que falleció a los 7 años, Agustina, Pedro
Olegario casado con Arminda Roca, Adolfo, Rufino, Matilde, Amelia
y Carlos casado con Estela Levingstone.
Don Pedro Luro destinó sus ahorros al arrendamiento de una
estancia de don Fermín Cuestas, en la vecindad de Dolores.
El contrato de arrendamiento
estipulaba que recibiría un peso (equivalente a 4 centavos oro)
por cada árbol vivo de tres años que acreditara haber plantado
en el establecimiento, y, cumplido el plazo, el propietario
debió entregarle el campo dada la gran cantidad de árboles
plantados por Luro.
Esto ocurría allá por 1852 y constituyó el paso inicial de
acciones en las que destacó la personalidad de don Pedro Luro
entre los hacendados del sur de la provincia. 
Tenía entonces 32 años, gran valor personal, resistencia
física y un sentido práctico genial para todo lo relacionado
con la vida del campo.
No quiso ser estanciero del modo como veía serlo a los demás,
cuyos peones enlazaban o boleaban las reses semisalvajes para
aprovechar únicamente el cuero, y propuso a un hacendado
comprarle a diez pesos cada vacuno.
El convenio se firmó y Luro, en lugar de desollar la hacienda
cimarrona, domesticó varios centenares de vacas que sirvieron de
ejemplo a los rebaños.
Así en un año, 35.000 cabezas al cuidado de reseros iniciaron
el camino de los saladeros de Buenos Aires.
Luro iba escalando posiciones firmes sin dejar escapar las
oportunidades.
En el año 1871 comenzó la construcción del saladero San Pedro
en el Tuyú, sobre el riacho Ajó, dando principio a la faena de
hacienda vacuna, lanar y yeguariza en los primeros días de 1872.
En este mismo año adquirió otro establecimiento existente
allí, denominado San Carlos, donde inició la faena en diciembre
de 1875.
Un año después
de habilitado el saladero San Pedro se inició la construcción,
en las inmediaciones del mismo, de espaciosos edificios de
material para casas de negocio y habitaciones para las familias
del personal.
También se construyó el edificio para una fonda y una cancha de
pelota cerrada, pues entre el personal figuraban muchos vascos,
aficionados unos y buenos pelotaris otros.
Y el edificio de la escuela adonde concurrían los hijos del
personal.
Esa escuela fue sostenida inicialmente por don Pedro Luro, pero
dado el número de alumnos, el Consejo Escolar del distrito la
oficializó.
Luro llegó a la naciente población de "Puerto Laguna de
los Padres" o Mar del Plata en 1877, o sea tres años
después que la ciudad fuera fundada por don Patricio Peralta
Ramos.
El propósito inicial de su viaje era el de encontrar un puerto
por donde dar salida a los productos de sus campos.
En 1885, por razones de salud, se vio obligado a abandonar la
ciudad definitivamente, pero en los ocho años de su permanencia
en Mar del Plata, contribuyó de manera decisiva en los progresos
registrados en la flamante ciudad. Su influencia en los adelantos
edilicios fue muy considerable y es digno de recuerdo el esfuerzo
que hizo en favor de distintas industrias básicas de la zona:
molino harinero, sembradíos, cría de ovinos y bovinos,
exportación de tasajo y lanas, saladeros, etc.
La avenida principal de Mar del Plata recuerda su nombre.
Es probable que haya sido don José Arnold quien informó a don
Pedro Luro de la posibilidad de colonizar la zona del valle
inferior del Río Colorado.
Arnold, de origen norteamericano, residente en la ciudad de
Dolores y amigo de Luro, visitó en 1860 Isla Verde y, de regreso
a Buenos Aires, fue a entrevistarse con su tesonero amigo:
"Vengo a proponerle un negocio.
He explorado la
Isla Verde, allá cerca de la boca del Colorado. Recorrí
después los campos próximos a la costa del río.
Los encuentro aptos para la ganadería.
Si usted me ayuda, iré a poblar esos campos".
Convinieron que Luro habilitaría a Arnold con 2.000 ovejas, y
poco después salió del Tuyú la caravana constituida por las
carretas y el arreo de ovejas que tardaron tres meses en llegar a
destino.
En 1861 Pedro Luro propuso al gobierno poblar las márgenes del
Río Colorado, comprometiéndose a hacer venir a algunos
centenares de familias de los valles pirenaicos, a condición de
que la Nación garantizara las vidas y los bienes de estas gentes
de las incursiones de los indios.
La empresa pareció por demás temeraria para aquellas épocas de
malones y matanzas de cristianos que se aventuraban a franquear
la línea de los fortines, lo que no impidió, sin embargo, al
esforzado pionero de adquirir y poblar sesenta leguas de campo a
la orilla izquierda del río Colorado.
En 1863 ya existían haciendas de don Pedro Luro en la zona del
Colorado.
El capataz don Mariano Méndez, por carta del 19 de abril de ese
año, le comunica a Luro que los indios de Calfucurá han robado
la totalidad de la hacienda existente a orillas del Colorado.
La estancia "Las Isletas" fue la primera que se
instaló sobre el río.
Se sabe que Luro había
recomendado que el primer establecimiento se instalara próximo
al río y a la isleta de chañares.
En 1881 llegó a ella el capataz Cuevas, responsable del arreo
proveniente de la zona de Lobería.
Don Pedro Luro llegó a tener en la zona enormes extensiones de
campo, divididos en grandes estancias.
Era tal la pujanza de su economía que en su tierra se compraba y
vendía con moneda propia, una moneda que, entre otras cosas
interesantes, se puede ver en el Museo Pedro Luro sito en Fortín
Mercedes.
Don Pedro Luro murió en Cannes el 28 de febrero de 1890, en un
viaje que realizó a Europa, y sus restos junto a los de su
esposa descansan en el cementerio de Mar del Plata.
Se asegura que la madre de Don Pedro le hizo entrega, al partir
de Francia para América, de un tenedor y un cuchillo de plata,,
y de una servilleta de hilo, diciéndole: "Vive en América
como aquí" ...
Cumplió evidentemente con la recomendación materna.
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