
| Ante el Cris, ante el Cristo Redentor, se arrodi, se arrodillaba un arriero y roga, y rogaba por las almas de los bra, de los bravos granaderos. |
Nuestra Se, nuestra Señora de Cuyo contempló la cruzada de los Andes y bendijo al General San Martín, el más gran, el más grande entre los grandes. |
| Eran se, eran sesenta paisanos, los sesen, los sesenta granaderos, eran va, eran valientes cuyanos de cora, de corazones de acero. |
Cuna de, cuna de eternos laureles con que se, con que se adorna mi patria, es Mendo, es Mendoza la guardiana por ser la, por ser la tierra más gaucha. |
| Quiero elevar mi canto como un lamento de tradición para los granaderos que defendieron nuestra nación. Pido para esas almas que las bendiga nuestro señor. |
Quiero elevar mi canto como un lamento de tradición para los granaderos que defendieron nuestra nación. Pido para esas almas que las bendiga nuestro señor. |
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Como
despedida de la región de Cuyo, quisimos hoy recordar esta hermosa cueca que
cantábamos en la escuela, como homenaje al Libertador y a su regimiento de
Granaderos a Caballo. Regimiento que fue formado, seleccionando el propio San
Martín uno a uno los soldados y oficiales, "todos ellos jóvenes de alta talla
física y moralmente sanos".
Con su vistoso uniforme de paño azul con vivos rojos, sable corvo, botas de cuero y espuelas, el heroico escuadrón derramó su sangre en las luchas por la independencia, y se hizo acreedor a ser, hasta el día de hoy, la guardia personal del Presidente de la República.
La canción "Los Sesenta Granaderos", obra representativa de nuestro folclore, pone en foco las figuras del arriero y el Cristo Redentor, dos iconos de la identidad de Mendoza.
El Cristo Redentor es una monumental escultura de Mateo Alonso, emplazada a 4.000 metros de altitud en el límite entre Argentina y Chile, muy cerca de la localidad de Las Cuevas.
Fue emplazado allí en 1904, para simbolizar los compromisos de
paz perpetua, renuncia a la carrera armamentista y empleo del arbitraje como
mecanismo de solución de controversias, firmados el 28 de mayo de 1902 entre los
gobiernos de ambas naciones, t
ratado
conocido como los "Pactos de Mayo".
El lugar elegido para emplazar el monumento era muy familiar a los arrieros.
Por allí habían pasado durante 350 años para asegurar el comercio entre Cuyo y Chile.
En ese lugar debieron enfrentar el frío, el viento blanco, las tempestades y el miedo.
Por allí cruzaban los rebaños de ganado en pie para abastecer a los mercados chilenos; por allí cruzaban sus mulas, con sus cargas de pasas de uva moscatel, sus zurrones de yerba mate, sus cajones de jabón y sus telas.
De esta manera, los arrieros garantizaban un mercado externo para Mendoza y fomentaban la producción de riqueza, generaban un importante excedente y contribuían a mejorar la calidad de vida de los mendocinos.
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