
| Gracias a la vida que me ha dado
tanto. Me dio dos luceros que cuando los abro, perfecto distingo lo negro del blanco, y en el alto cielo su fondo estrellado y en las multitudes el hombre que yo amo. |
Gracias a la vida que me ha dado
tanto. Me ha dado la marcha de mis pies cansados; con ellos anduve ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos, y la casa tuya, tu calle y tu patio. |
| Gracias a la vida que me ha dado
tanto. Me ha dado el oído que en todo su ancho; graba noche y día grillos y canarios, martillos, turbinas, ladrillos, chubascos y la voz tan tierna de mi bien amado. |
Gracias a la vida que me ha dado
tanto. Me dio el corazón que agita su marco cuando miro el fruto del cerebro humano; cuando miro el bueno tan lejos del malo, cuando miro el fondo de tus ojos claros. |
| Gracias a la vida que me ha dado
tanto. Me ha dado el sonido y el abecedario, con él las palabras que pienso y declaro: madre, amigo, hermano, y luz alumbrando la ruta del alma del que estoy amando. |
Gracias a la vida que me ha dado
tanto. Me ha dado la risa y me ha dado el llanto. Así yo distingo dicha de quebranto, los dos materiales que forman mi canto, y el canto de ustedes que es el mismo canto y el canto de todos, que es mi propio canto. |
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Violeta Parra
nació el 4 de octubre de 1917 en el pueblo chileno de San
Fabián de Alico.
Con sus hermanos primero y luego con sus hijos, recorre su país
cantando la música folklórica chilena, la cual se dedica a
estudiar, recopilar e investigar y ejecutando el guitarrón,
instrumento original chileno de veinticinco cuerdas con que se
acompañan los cantos a lo divino y a lo humano.
Lleva su arte a Europa y Rusia. En París, donde vive unos años,
graba en la Fonoteca Nacional del Musée de l'Homme de La
Sorbonne.
Compone canciones basadas en las formas folklóricas
tradicionales.
De vuelta en Santiago, incursiona en la cerámica, comienza a
pintar y a bordar arpilleras.
La foto que acompaña la letra de esta canción es una arpillera
de Violeta que representa el Arbol de la vida.
Construye su Casa de palos, en la calle Segovia,
comuna de La Reina, y ofrece recitales en los centros culturales
más importantes de la capital.
En 1961 vive en Argentina, en General Pico primero, donde imparte
cursos de folklore, cerámica, pintura y arpilleras y en Buenos
Aires después, donde expone sus pinturas, actúa para la
televisión, ofrece recitales en el Teatro I.F.T y graba un LP de
canciones originales.
El 5 de febrero de 1967, con 59 años, muere en su casa de La
Reina, dejando tras de si libros, canciones, pinturas,
arpilleras, una extensa obra de la que se ocupa la Fundación
Violeta Parra, fundada por sus hijos en 1992.
Además del gran legado de sus propias grabaciones, Violeta Parra
ha sido versionada por una inmensa cantidad de músicos chilenos,
entre los que se cuentan Víctor Jara, Quilapayún, Illapu, Los
Jaivas, Inti Illimani (que, además de diversas grabaciones
individuales de canciones de Violeta, ejecutó la obra de Luis
Advis Canto para una Semilla, musicalización de las
Décimas Autobiográficas de Violeta).
Y por artistas como Mercedes Sosa, Fito Páez o Pedro Aznar en
Argentina, Elis Regina y Milton Nascimento en Brasil, Joan Manuel
Serrat en España, Silvio Rodríguez en Cuba o Joan Baez en
Estados Unidos de Norteamérica, entre muchos otros.
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